Registro de secretos de los Juegos Fabuluna
Experiencias y conocimientos de los Juegos Fabuluna registrados por la familia Grafía.

Registro de secretos de los Juegos Fabuluna

Este libro es un secreto familiar, complementado, revisado, resguardado y heredado por el cabeza de la familia Grafía.
Ya sea para los habitantes de Ahatopía o para los visitantes del exterior, el hecho de que la gente se pelee por un minuto de autoridad divina no es nada nuevo. Durante generaciones, los miembros de la familia se esforzaron al máximo por disipar la maldición del deterioro, hasta que finalmente buscaron el gran poder de un Eón. Hiro, el único que triunfó, desapareció tras su audiencia con el Señor de las Risas y lo único que dijo fue que la Exultación no puede curar la maldición.

Sin embargo, pensando que las generaciones futuras podrían aún desear obtener algo de Aha, aquí registro las experiencias y conocimientos de cada generación para que, en el futuro, la gente pudiera recurrir a ellos cuando fuera necesario.

La esencia de los Juegos Fabuluna es la lucha por la Imagiesencia

La Imagiesencia es el fundamento de los Juegos Fabuluna. Proviene de los dioses y nace del resplandor de la fabuluna, pero también proviene de las personas y brota de sus corazones. Si logras hacer reír a todas las personas de Planarcadia, la fabuluna posará su mirada sobre ti. Sin embargo, cada época tiene su propia Exultación, y ningún ancestro puede enseñarte a crear sonrisas en la época en la que vives.

La Imagiesencia tiene un efecto opuesto en los reverentes

Recuerda: los reverentes son dueños de la Imagiesencia, pero esta también puede convertirse en grilletes que los aten y los obliguen a satisfacer los deseos de otros. La ancestro Sola fue testigo de cómo un reverente, a petición de la gente, partió para matar a un fabulae muy conocido. Al llegar, descubrió que ese fabulae era su compañero de la infancia, considerado un monstruo simplemente por tener un aspecto feo.

Sin embargo, los innumerables deseos habían convertido el cuerpo del reverente en una marioneta del "deseo", y solo pudo blandir su espada entre lágrimas para recibir los vítores de la multitud. No obstante, hay quienes dicen que hacía mucho que había despreciado a ese feo compañero de juegos, y que esas lágrimas no eran más que una actuación.

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La Imagiesencia tiene dos caras

El amor y el odio se parecen, al igual que la dependencia y el miedo; la Imagiesencia no solo se puede controlar con amor, sino también con odio. La ancestro Brilloluna perdió ante el Historiador Espurio "Toro Rojoceleste" en los Juegos Fabuluna. Esparció más de 10 000 leyendas urbanas por la ciudad y se transformó en un monstruo indescriptible con cientos de brazos, incapacitando a varios reverentes.

La Imagiesencia es la combinación de la imaginación y la atención. En muchos casos, el terror y el odio atraen más miradas que el afecto. Sin embargo, este método es, en última instancia, un atajo inmoral. Espero que las generaciones futuras tomen esto como una advertencia.

Planificar con antelación el uso de la autoridad divina

Quienes lean esto pueden pensar que el hecho de ganar no solo es incierto, sino que planificar con anticipación es equivalente a fantasear. Sin embargo, esta es la conclusión a la que llegaron los miembros de la familia tras interrogar a diversos ganadores y presenciar los Juegos Fabuluna en repetidas ocasiones. La diferencia entre dioses y mortales no radica solo en el poder; los mortales que obtienen un poder divino de repente a menudo ignoran por completo cómo usarlo. Así, desperdician ese minuto en un frenesí de confusión e incluso causan la extinción de estrellas.

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Respetar las reglas

Como juego creado por Aha, las reglas de los Juegos Fabuluna siempre han sido ambiguas. Sin embargo, hay una línea que nunca se debe cruzar: destruir el juego en sí. Durante la Era del Lienzo, hubo alguien que imitó al reverente eterno de la antigua Benzaitengoku y se confabuló con su oponente para detener la competencia e intentar prolongar indefinidamente los Juegos Fabuluna con el fin de conservar el poder que les otorgaba la máscara. Tres días después, mientras alardeaba con orgullo ante sus compañeros sobre esta estratagema, desapareció en un abrir y cerrar de ojos y lo único que quedó tras él fueron unos pétalos dorados.