Balada de la entrada al lienzo
Oda de los fabulae a la Madre de los fabulae, que canta la proeza de la entrada al lienzo y la belleza del mundo del cuadro.

Balada de la entrada al lienzo

Oda de los fabulae a la Madre de los fabulae, que canta la proeza de la entrada al lienzo y la belleza del mundo del cuadro.

En eras remotas, una diosa el páramo cruzó.
Con fuego y con luz a los seres su vida otorgó.
Mas el fuego no cesa y nada logra perdurar.
Y hace del mar su lienzo para miles de trazos realizar.

Donde montes y mares se funden en un solo elemento,
donde adornan las risas y huye al fin el lamento.
La fabuluna no cae ni el Palomaguas se moverá.
Sin demonios al acecho, la paz eterna reinará.

Multitudes en el lienzo, entre el gozo y la alegría,
sol y luna brillan juntos, sin llanto ni agonía.
Danza el dormiluni mientras el pieleve duerme en calma.
Galopa el Rayosaurio y los prodigios cantan con el alma.

Ni el joven padece ni el viejo se cansa.
En cinco generaciones, la gran dicha se alcanza.
Y la mano que dibuja un nuevo trazo lanza.
Manjares sin fin en un hogar de vasta semejanza.

Multitudes en el lienzo contemplan la luna llena.
Ríe quien visita al dios y se alegra el espectador.
Se agita el paso del tiempo y las nubes se desvanecen,
para crear nuevos fabulae que en el mundo aparecen.

¡Qué deleite y qué calma! El ingenio nunca se agota.
¡Qué alegría y qué gozo! Bajo el favor de Aha.
¿Dónde se halla la arcadia? ¿Dónde está la Exultación?
¡Aquí mora la arcadia! ¡Esta es la Exultación!