Crónicas que para nada son de la Grasa Flotante
Parece ser una obra que dejó algún anciano bromista en la era actual, época en la que la Exultación ya se ha consolidado en Astrópolis.

Crónicas que para nada son de la Grasa Flotante

Si eres el cazatesoros más grande del mundo,
entonces, felicidades:
acabas de obtener la riqueza más valiosa de este universo.
Es una receta de alquimia.
Asegúrate de aprendértela de memoria.

Ingredientes
Tomates rojos maduros, 2
Huevos frescos, 3
Aceite vegetal refinado, 15 ml
Sal de mesa, 3 g
Azúcar blanco, 2 g
Cebolleta, 1

Proceso de elaboración
Quita el tallo a los tomates y córtalos a lo largo.
Córtalos en forma de media luna.
Casca los huevos en un bol.
Bátelos bien.
Corta la cebolleta en rodajas finas y resérvala.
Calienta una sartén a fuego alto.
Añade aceite hasta cubrir el fondo.
Cuando el aceite esté caliente, vierte los huevos, remueve y repártelos.
Cuando estén a punto de cuajar, apaga el fuego.
Retíralos una vez cuajados y resérvalos.
Vuelve a calentar la sartén a fuego alto y saltea el tomate.
Espolvorea el azúcar blanco y sigue salteando
hasta que el tomate se ablande y suelte su jugo.
Vuelve a añadir los huevos, echa sal y baja a fuego lento.
Remueve suavemente para que el jugo cubra bien los huevos.
Cuando el jugo espese un poco, apaga el fuego, sirve y espolvorea la cebolleta.

Así es, es solo una receta común de huevos revueltos con tomate.
Quizás esperabas otra cosa,
pero permite que yo, Arita, te diga algo:
Ninguna epopeya mitológica se puede comparar con una receta casera.
Oh, el más grande de los cazatesoros,
no dejes que la Exultación de los demás
te nuble el juicio.