Un fanfic del Festival Star Rail que cuenta la historia de Phantylia como estudiante de intercambio en la Escuela Grafía.
Phantylia, mi compañera de pupitre
Un fanfic del Festival Star Rail que cuenta la historia de Phantylia como estudiante de intercambio en la Escuela Grafía.
La vi por primera vez en una clase de literatura. La voz del profesor Carl sonaba como polvo de tiza calentado al sol, zumbando mientras exponía el motivo eterno del amor y la muerte. Ella abrió la puerta trasera del aula. Fue directa al asiento vacío a mi lado y se sentó, dejando un tenue rastro de aroma a laurel tostado por el sol.
"¿Está ocupado este asiento?", preguntó.
Negué con la cabeza mientras examinaba a la desconocida. Llamaba demasiado la atención, pero no por una belleza impostada y artificial, sino por una hermosura casi arrolladora que no parecía pertenecer a un aula llena de caras con ojeras. No tomó apuntes ni participó en toda la clase. Daba la impresión de estar allí solo por si pasaban lista. En realidad, el profesor Carl nunca controlaba la asistencia, y Damien, que solía acompañarme a la clase de Literatura, justo hoy se había saltado la clase para jugar al baloncesto.
Sonó la campana del final de clase. Recogí mis cosas para ir al aula de arte. Una mano sujetó mi libro contra la mesa. Levanté la vista y me crucé con su mirada. "Me llamo Phantylia, soy alumna de intercambio". Hizo una pausa. "Esta escuela parece fascinante. ¿Me enseñas el campus?".
Asentí. Aunque el profesor Leonardo, de Pintura, pasa lista en cada clase, ya no me importaba. Una fuerza más antigua que las notas académicas me impedía negarme a esos ojos.
"Claro", respondí con la voz un poco áspera. "¿Empezamos por la biblioteca?".
"Como quieras", dijo, y apartó la mano del libro de texto.
Caminamos juntos por los senderos moteados de sombras del campus. Pasamos por el patio central donde bullían las pinturas fabuladas, el auditorio que rebosaba de eterae y la cafetería, donde nunca había sitio. Phantylia me escuchaba en silencio. Su mirada se deslizaba por esos paisajes que para mí ya eran de lo más normal, hasta que se detuvo a la orilla del lago artificial, cuya agua relucía por los rayos del sol.
"La gente de aquí...", dijo de pronto, cortando mi explicación, "... parece muy ocupada. ¿Es por algo en concreto?".
"Bueno, por los créditos, por graduarse, por conseguir un buen trabajo...", intenté explicarle.
"Son como estrellas atrapadas en su órbita. ¿Y tú? ¿También giras en una órbita como esa?".
Esa pregunta me dejó en shock. Me vinieron a la cabeza las tareas sin terminar del aula de arte, mi plan de carrera modificado mil veces y las pullas de Damien sobre mi obsesión por la "belleza inútil". Abrí la boca, pero me di cuenta de que no tenía una respuesta clara.
"Eh... No lo sé. A veces creo que sí, y otras... siento como si hubiera algo fuera de órbita tirando de mí".
Como ahora, como tú. No lo dije en voz alta, pero flotaba en el ambiente como vapor. La luz del atardecer volvió ámbar las puntas del cabello de Phantylia. A lo lejos, sonó la campana del fin de clase y unas aves acuáticas alzaron el vuelo sobresaltadas.
"Veo que me he topado con un guía de lo más interesante", sonrió Phantylia. "Mañana por la noche, acompáñame a dar un paseo por el lago. Quiero saber más de Planarcadia, ¿te parece?".
No se despidió. Se dio la vuelta y desanduvo el camino, fundiéndose poco a poco con el flujo de estudiantes. Supe que, desde ese instante, algo había cambiado para siempre. Y mi mundo, por esta chica llamada Phantylia, iba a desviarse hacia un rumbo cuyo final yo no podía prever.