Una nota desde el mar estrellado de los recuerdos entregada junto con un regalo. Un ardor indescriptible se dispersa entre tus dedos.
Una nota de Fainón
Para mi compañera/o, Trazacaminos:
"Hubo un héroe que encendió su sangre y huesos para forjar una larga espada con la que atravesar la oscuridad". En los campos de trigo de Elisios, mi madre me cantaba esta canción infantil cuando era pequeño. Ella dijo que el héroe nunca pereció, y que algún día volvería a nuestro lado. Y yo lo creía firmemente.
Pero cuando los campos de trigo fueron consumidos por el fuego ardiente, él nunca vino. Cuando la marea oscura infinita devoró el mundo, él nunca vino. Innumerables veces lo esperé, innumerables veces le supliqué. Sin embargo, las manecillas del reloj teñidas de sangre dorada volvían una y otra vez al inicio, dejando para mañana un amanecer que nunca llegaría.
Cuando el amanecer cayó sobre la tierra, fuiste tú quien me señaló el camino. Fuiste tú quien cargó sobre sus hombros el peso de incontables Yescas. Fuiste tú quien me rescató del infierno construido con huesos decrépitos. Y fuiste tú quien escribió un nuevo mañana para Amphoreus.
La heroína/El héroe que siempre he estado esperando... eras tú. Y también fuiste tú quien me dijo que yo podía convertirme en el héroe de mi corazón. Un héroe que podía trazar el camino a su propio destino, igual que tú.
Por favor, acepta esta obra forjada en la misma fragua que Amanecer, prueba de las batallas que luchamos juntos. Una masa sin nombre de hierro fundido, fortalecida con cicatrices y templada por el sufrimiento, girando a través de innumerables ciclos de tiempo. Finalmente tomó forma bajo tu mirada.
Que te otorgue el valor para creer que el amanecer llegará, mi heroína/héroe.