Un fanfic del Festival Star Rail que cuenta la historia de Cocolia transformándose en un gigante de hielo para luchar contra los aberrantes.
Cocolia, la chica mágica
Un fanfic del Festival Star Rail que cuenta la historia de Cocolia transformándose en un gigante de hielo para luchar contra los aberrantes.
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Primero se formó una fina grieta y, luego, con el crujido de las piedras rompiéndose, las grietas cubrieron rápidamente la superficie de la varita mágica de la guardiana. Cocolia extendió la mano apresuradamente, intentando detener la desintegración de la varita en su palma, pero solo sostuvo dos puñados de escombros.
"¡Sin tu varita mágica no eres nada! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!".
El origen de esa risa siniestra era el Devoraluz, una aberración de clase calamidad que se reía dementemente al ver su plan cumplido. Su potente ataque no iba dirigido a Cocolia en sí, sino al dispositivo de transformación que almacenaba el poder de la Conservación.
Los fragmentos de la varita mágica de la guardiana se deslizaron entre los dedos de Cocolia y perdieron su brillo, por lo que se volvieron indistinguibles de las piedras comunes. Una desesperación gélida y punzante se apoderó del corazón de Cocolia, más letal que el frío emanado por el Devoraluz, y la hizo temblar descontroladamente.
"¡Mira! ¡Mira qué patética eres!". El cuerpo del Devoraluz se estremeció de risa y las sombras a su alrededor se agitaron. "Sin ese ridículo dispositivo de transformación, ¿en qué te diferencias de estas hormigas del suelo que pueden ser aplastadas en cualquier momento? ¡Tu llamada 'Conservación' no es más que una luz prestada!".
Cocolia apretó los puños instintivamente y se clavó las uñas en las palmas. Durante todo este tiempo, la varita mágica de la guardiana había sido la materialización de sus convicciones y el único medio que tenía para transformarse en un gigante de hielo. Sin ella, no era más que una persona común y corriente. ¿Cómo iba a enfrentarse a esos aberrantes violentos? El Devoraluz tenía razón: llevaba demasiado tiempo dependiendo de su varita, tanto que casi había olvidado...
¿Qué había olvidado?
La primera vez que tocó la varita mágica, lo que sintió en la palma de la mano no fue un gran poder, sino un pesado sentido de la responsabilidad.
Cada vez que se transformaba, no era por una fuerza externa, sino por la determinación de proteger algo; una determinación que nacía en su interior.
Los tentáculos sombríos del Devoraluz atacaban como serpientes gigantes que llevaban el aliento de la muerte. Cocolia saltó hacia atrás instintivamente con un movimiento torpe, muy lejos de su postura elegante y serena habitual, mientras las rocas despedazadas le arañaban la mejilla. Los ataques del Devoraluz, que disfrutaba de aquella cacería con un final predecible, eran cada vez más desenfrenados.
Cocolia jadeó y repitió en voz baja: "¿Luz prestada?". Al mirar a su alrededor, observó que la ciudad había sido devastada por el Devoraluz, y que la gente huía aterrada entre los escombros. Eso era lo que había jurado proteger cuando llegó a Planarcadia: esas luces, esas vidas.
La varita estaba rota, pero ella aún seguía en pie.
El corazón que quería proteger no se había hecho añicos.
"¡Tienes razón! La varita no es más que un recipiente. Y ahora, yo misma albergaré la luz". Cocolia levantó la cabeza y su mirada dejó de vacilar. "Habitantes de Bidimensia, ¡soy la Guardiana Suprema, Cocolia! ¡Préstenme su Imagiesencia!".
Miles de destellos de luz se elevaron de las grietas de las ruinas, penetraron en las sombras y se precipitaron hacia el centro del campo de batalla. Un resplandor estelar azul como el hielo brotó del interior de Cocolia. Ya no era una simple armadura que cubría su cuerpo, sino que se había fusionado con su carne y su sangre.
Así, el gigante de hielo se alzó sobre la tierra en medio de un viento gélido.