Se desbloquea en el nivel 20 de personaje.
"Contempló las profundidades del mar, los cimientos de la tierra, descubrió dónde yacen todos los secretos y lo supo todo".
La epopeya narra el final del rey: obtuvo toda la sabiduría, vio todos los tesoros y desveló los misterios de los dioses.
Regresó desde tierras lejanas, exhausto, pero con una paz que trasciende todas las cosas, y escribió la historia de su vida.
"Hum, como esperaba, eres un tonto superficial y patético".
"¿Acaso insinúas que yo, un rey viejo y débil, soy más poderoso que la forma perfecta que ves ante ti?".
No, no, no, ¡claro que no!
Quizás esa introducción fue un poco parcial. Permíteme decirlo de otra manera.
Gilgamesh, el rey de los héroes más antiguo de la historia. A diferencia de los incontables héroes del pasado y del presente que fueron inspirados por sus nobles ideales, su poder proviene de un deseo insaciable.
Desde el océano del amanecer hasta las montañas nevadas del atardecer, cada faceta de la civilización humana se forjó bajo su dirección: ciudades interminables, huertos interminables, minas interminables...
Con una energía extraordinaria, dominó todo lo que alcanzaba su mirada. Sin embargo, aquel que hizo prosperar al mundo entero también dejó exhaustos a sus propios súbditos...
"Cuida tus palabras. ¿Cómo te atreves a hacer que una metáfora tan torpe llegue a mis oídos? Podría costarte la cabeza...
Pero esta vez seré misericordioso y te perdonaré la vida".
¿Eh?
"Al menos documentaste fielmente mis hazañas... Hum, aunque, a decir verdad, esto sigue siendo la punta del iceberg".
"Así es: poder absoluto, lujo absoluto, juicio absoluto... Ese es mi camino".
"Si no existiera un soberano así en el mundo, esos mediocres que se acobardan ante la tiranía y ni siquiera se atreven a cortarme la cabeza, seguramente ya se habrían extinguido hace mucho bajo las lamentables artimañas de los dioses".
Como pueden ver, queridos lectores, Gilgamesh es esa clase de personaje obstinado que lleva el hacer lo que le plazca hasta las últimas consecuencias.
Aunque en aquella época en que los dioses trataban a los humanos como hierba y las bestias vagaban por la tierra, las palabras del rey tenían sentido... pero todo tiene un límite.
Incluso los recién casados tenían que girar en torno al rey como un trompo. Las quejas de la gente ya habían llegado a oídos del cielo.
Impulsados por la diosa Ishtar, los dioses, que temían los cambios de la humanidad, decidieron forjar con sus propias manos a Enkidu para disciplinar al arrogante rey.
Así fue como Enkidu, con el corazón rebosante de alegría, descendió al mundo de los mortales.