Se desbloquea en el nivel 20 de personaje.
En su mundo solo quedaba ella.
Las sábanas y cortinas de un blanco inmaculado del sanatorio, como muros severos, la separaban de los cálidos rostros de sus recuerdos.
"¡No te preocupes, Himeko! Eres tan lista que, aunque faltes a clase un tiempo, podrás ponerte al día".
"Himeko, ¡tienes que recuperarte pronto, tenemos que participar en el concurso de maquetas!".
"Himeko, nosotros ya nos graduamos...".
...
En la habitación solo se oía el pitido de los monitores, frío como el hielo. Al recordar el Expreso varado que había descubierto, continuó esbozando aquellas escenas de viajes hacia tierras lejanas.
"¡Estación Cosmos, hemos llegado a la Estación Cosmos!".
Un miembro uniformado del personal tocó una campana. Ella sintió que el viento aullaba desde lejos y, aunque hacía algo de frío, saludó emocionada al Expreso.
"¡Himeko! ¡Himeko, sube!".
Una chica pelirroja se asomó por la ventanilla, y al instante una mano firme tiró de ella con fuerza para subirla.
En un abrir y cerrar de ojos, se sorprendió al verse sentada en el asiento de terciopelo rojo del Expreso. La chica que tenía delante parecía algo mayor que ella y sus ojos brillaban.
"Himeko, ¿te gustaría probar a conducir el Expreso hacia tierras lejanas?", preguntó con una sonrisa aquella amiga tan desconocida como familiar.
Estuvo a punto de responder que sí. Quería charlar, quería amigos, quería compañeros, quería expresar el dolor de su cuerpo, quería desahogar la melancolía de su interior, quería correr, quería escapar, quería gritar...
"Ven conmigo, vámonos juntas de aquí". No había dicho nada, pero la chica de enfrente parecía haber entendido lo que estaba pensando.
La joven sintió que alguien le tomaba la mano y su cuerpo pareció convertirse en una ráfaga de viento nocturno. Guiada por aquella mano, se sentía tan ligera como si volara.
Rozaron las alas de la constelación de Cygnus y atravesaron el centro de la nebulosa Roseta; los cometas de hielo cruzaron la luna como una deslumbrante lluvia de joyas. Al llegar la tormenta, la joven la tomó de la mano para esquivar los restos de los anillos planetarios y, en un puerto tranquilo, admiraron juntas las estrellas fugaces de Sagitario.
"Es tan valiente... igual que esos pilotos sobre los que leí".
Los deseos son como pigmentos. Con cada anhelo, el ideal va cobrando vida.