Se desbloquea en el nivel 60 de personaje.
Caos, oscuridad. El vientre de la bestia del inicio del cosmos parecía querer disolverlo todo.
Él pensaba que ya se había vuelto insensible al dolor, pero en ese momento, una lucha invisible amenazaba con desgarrar su alma en pedazos.
Susurros triviales sonaban sin cesar en su mente, tentándolo paso a paso hacia el abismo de la perdición.
"¿Por qué resistirse? Puedo otorgarte el poder de moldear la vida y la muerte, ¡para que enmiendes todos tus arrepentimientos!".
Enmendar todos los arrepentimientos... Pensó en la cara de decepción del maestro Huaiyan, pensó en las cinco personas que una vez estuvieron llenas de determinación, pensó en el final que debería haber tenido...
No. Eso no. Nunca, jamás.
Eso no era más que evasión, cobardía, rendición...
Como en aquellos años que pasó sumido en el arrepentimiento. Como ahora, que vaga aturdido en la oscuridad, sin nada más que el deseo de morir.
El "final" de su "guion" no debería ser así.
"Los Cazadores de Estelaron existen para reescribir la Conclusión, y también para reescribir su propio final".
En la Conclusión que Elio había revelado, vio un mar de flores cubierto de huesos blancos, una enorme bestia atravesada y un horno que escupía fuego. Los cabellos negros se volvieron blancos como la nieve, y el anciano artesano por fin pudo abrazar la muerte. Pero el origen del desastre de la longevidad ya había vuelto a florecer en otro lugar...
Todavía tenía la oportunidad de cambiarlo todo.
"Yingxing, ¿de verdad quieres destruirnos a ambos? ¡Solo sufrirás un dolor sin fin entre la vida y la muerte!".
No oyó los gritos de Shuhu. Oyó la voz de su maestro, oyó la voz de sus compañeros, oyó su propia voz...
"¿Qué es una espada?".
Una vez había forjado los grilletes que aprisionaron a un enemigo poderoso. Ahora se forjaría a sí mismo como una jaula.
Como cazador, su único objetivo había sido una liberación inalcanzable. Ahora se vengaría del culpable de la tragedia.
Sintió que se desmoronaba.
Pedazo a pedazo, como copos de nieve fragmentados, congelados en un instante por una vida desbordante, para caer de nuevo en un mar de sufrimiento.
"No se puede desperdiciar ningún recurso, sino perfeccionarlo con destreza".
Levantó la mano con dificultad, como había hecho hacía muchos años, cuando levantó por primera vez el martillo de forja y golpeó el metal al rojo vivo hasta afilarlo lo suficiente para hacer que la abominación inmortal sufriera un infierno interminable.
Su cuerpo de hierro incandescente le impedía llorar. En su aturdimiento, creyó estar aún en el Palacio de la Forja, resplandeciendo con un brillo cegador como un arma divina recién templada.