En la Barrera Decarreflectora, observa una vez más cómo el destino brilla como una red de perlas, superponiéndose y reflejándose entre sí en una cadena interminable de causa y efecto.
"¿Qué ves?", le preguntó una vez su maestro.
Algunos adivinos, al ver su propia insignificancia, dejaron de creer que el poder humano podía cambiar el destino.
Otros vieron las grandes tendencias del futuro y siguieron la corriente para encontrar las mejores soluciones.
En ese momento, la joven contempló fijamente la barrera y vio una oscuridad infinita: el futuro que ya estaba predestinado.
También vio la luz estelar, esas pequeñas posibilidades que aún no habían sido engullidas por la mirada de los dioses.
Aquella luz estelar en una ocasión se escapó de sus manos, condenando al Fanghu a una noche eterna.
Pero también logró atrapar las efímeras variables del destino, alterando la fortuna y la desgracia del Yuque.
"Un callejón sin salida se llama así porque nadie está dispuesto a desafiar al destino".
Ella quería encontrar su propia respuesta, aunque eso significara adentrarse en territorio maldito.
"Lo que vea no importa, lo que importa es lo que puedo hacer".