Máscara forjada por los artesanos del Zhuming, diseñada con la forma de una bestia de fuego. Tiene un cristal de fuego incrustado en la frente que protege a los artesanos del calor abrasador y las ilusiones.
Solo los artesanos más expertos pueden forjar armas divinas con el poder del Emperador Pedernal.
Aunque el inmenso heliobus, semejante a un sol azul, se encuentre sumido en un profundo sueño, acercarse a sus llamas es sumamente peligroso. El más mínimo descuido hará que quien lo intente se vea afectado con ilusiones mentales.
Los nativos de Xianzhou gozan de una vida muy longeva, por lo que, con el paso de los años, acumulan en su corazón demasiado amor, ira, rencor y enemistad. La más mínima perturbación podría amplificarse hasta convertirse en una ilusión capaz de provocarles un colapso mental.
Desde la fundación del Zhuming de Xianzhou, incontables artesanos inexpertos, e incluso célebres maestros, perdieron la conciencia a manos de los heliobus por la más mínima flaqueza mental. Algunos se mataron entre ellos en ataques de ira, mientras que otros sucumbieron a la locura al no lograr forjar una obra satisfactoria.
Cuando el general Huaiyan ocupaba el puesto de Maestro Herrero, forjó esta máscara de bestia de fuego especialmente para que los artesanos de voluntad inestable pudieran protegerse de la corrosión de la energía abrasadora y mantener la lucidez.
Pero siempre hay quienes se niegan a seguir las reglas.
Los ancianos ribhus que custodiaban el Palacio de la Forja recuerdan claramente el día en que un genio de raza de corta vida llamado Yingxing entró al palacio para forjar una espada y se negó a que la máscara le obstruyera la visión.
Habían visto a demasiados jóvenes volverse arrogantes por su talento, por lo que solo esperaban a que enloqueciera para darle una buena lección y moderar su carácter.
Pasó un cuarto de hora, dos horas, un día y una noche, y cada vez acudía más gente al Palacio de la Forja para observar. La silueta del joven se distorsionaba entre el humo, pero el sonido del yunque jamás cesó...
Nunca olvidarán el momento en que se completó el temple: la hoja de la espada, límpida como el agua otoñal, reflejaba la mirada helada de aquel joven.