En su interior se encuentra la Ciudad Arcoíris de Punklorde. El día y la noche no se distinguen, lo ilusorio y lo real no tienen fronteras, y la vida es como un byte parpadeante.
Gracias a la tecnología del Círculo de Genios, el monopolio de Punklorde creó una industria de la información muy superior al promedio interestelar.
El Internet de las cosas, la Carga de conciencias, la Vida virtual... Pasear por la superficie de Punklorde es contemplar un paraíso de luces de neón: vehículos rugientes surcan las rutas y confluyen en puntos de luz, y los prósperos centros de entretenimiento rebosan de deseos extravagantes y codicia.
Sin embargo, visto desde arriba, Punklorde es un asentamiento desolado y en ruinas.
Los desechos electrónicos y la basura comprimida forman pequeñas montañas, entre las que intermediarios, comerciantes del mercado negro y pandilleros deambulan como bestias por callejones miserables.
Nunca faltan aquí leyendas heroicas ni tramas absurdas, tanto que, según cuentan los hackers, el Eón de la Exultación se sintió atraído y acudió en persona para añadir a esta rebelión la diversión exclusiva de Punklorde.
Aquellos que intentan llegar a la cima de Punklorde se inspiraron para condensar sus vidas en datos almacenados en cartuchos de éter. Con el nacimiento de los hackers, el juego llamado Punklorde dio comienzo.
Si te pones las gafas de un hacker y observas este mundo de nuevo, verás muros grises cubiertos por capas y capas de grafitis. Detrás de cada grieta podría haber un espacio plegado, y los cursores que aparecen de repente en los callejones oscuros son guías dejadas por quienes vinieron antes... o trampas.
En este mundo de información construido con ceros y unos, los hackers creen firmemente que la vida es un juego: desafiar a la autoridad, burlarse de la hipocresía, crear cosas que solo existen en la imaginación y explorar sus propios límites sin descanso... hasta el día en que superen ese juego.
La Corporación para la Paz Interastral quiso adquirir Punklorde, pero un ciberataque sin precedentes en la Red Interastral la obligó a abandonar ese plan. En los años posteriores, no menos de diez fuerzas cósmicas intentaron anexionarse Punklorde, pero todas fracasaron.
Hasta el día de hoy, Punklorde sigue siendo una zona libre en el cosmos.
Incluso en esos espacios tan angostos que apenas pueden albergar un cuerpo, hay incontables almas que anhelan liberarse de sus ataduras. Vagan por el mundo de la información, hacia la cima de la Ciudad Arcoíris y hacia el mundo más allá de las estrellas.